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“Las hermanas deben ocuparse, en
ciertos tiempos, en el trabajo
manual, y a ciertas horas en la
lectura espiritual” (Regla de
San Benito, cap. 48)
San Benito plantea el trabajo en
general, no sólo el manual, como un
aspecto más, y muy importante, de la
vida monástica, en equilibrio con el
oficio divino, la lectura
espiritual, la oración y la vida
comunitaria. Todo nos debe llevar a
la unidad, a relacionar todas las
actividades cotidianas.
Para nosotras
el trabajo es un instrumento que nos
permite participar en el desarrollo
de la obra creadora de Dios.
La vida benedictina es una vida
inmersa en la santidad de lo real, y
el trabajo es una parte fundamental
de la misma. La función de la vida
espiritual no consiste en escapar de
este mundo a otro mundo, sino en
saber vivir en éste con sentido y
autenticidad.
Nosotras vemos todo trabajo como un
servicio, ya sea para atender
directamente las necesidades de las
hermanas (cuidado de las mayores,
cocina, limpieza, atención a las
enfermas…), ya sea como medio de
ganarnos la vida (taller de
ornamentos, hospedería y albergue de
peregrinos) o como trabajos de
investigación y estudio para la
formación personal y comunitaria.
Las monjas benedictinas no estamos
sujetas a un tipo de ocupación
determinado; se trabaja en lo que
parece oportuno dependiendo del
momento que vive la comunidad.
En nuestra comunidad se cuida mucho
el que las monjas puedan desarrollar
sus capacidades artísticas. Hay
quienes pintan, otras escriben,
otras componen piezas musicales;
también se hacen iconos, rosarios,
conchas para los peregrinos… Con
todo ello se enriquece, no sólo la
persona, sino la comunidad entera.
Taller de ornamentos
El taller de ornamentos,
instalado en este monasterio, es
uno de los trabajos más creativos y
estimados. Siempre hubo manos
maravillosas que ejecutaron labores
para embellecer iglesias y el ajuar
doméstico.
En la actualidad, en el taller
denominado “Betania”, mediante
técnicas modernas que facilitan el
trabajo- aunque el último toque sea
a mano- se bordan y confeccionan
toda clase de
vestiduras sagradas
destinadas a los sacerdotes para las
celebraciones litúrgicas:
albas, casullas, capas pluviales,
humerales y estolones;
igualmente
manteles de altar, corporales,
purificadores y toallitas.
Las numerosas cofradías de León
encargan
escudos, estandartes, guiones
para las procesiones,
así como
túnicas y mantos
para sus imágenes veneradas. También
se ejecutan trabajos más sencillos
como son
logotipos, abecedarios, alegorías,
etc.
Una actividad especial de este
taller es la
restauración de “pendones”,
una gran bandera que encabeza las
procesiones. Es típica de nuestro
pueblo leonés.
Los tejidos se adquieren en España y
algunos son de importación.
Una hermana responsable del taller
dirige la realización técnica
asesorada por otras hermanas
competentes en la materia.
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